La temperatura del agua del mar asciende a máximos históricos durante el pasado mes de julio, y la tendencia sigue en agosto
La costa vizcaina se está calentando, es un hecho. La temperatura del agua en Bizkaia aumenta año tras año, llegando a un máximo histórico de 23,6 grados de media este pasado julio. El 20 de ese mismo mes, a las 18.00 horas, la Boya Costera de Bilbao llegó a marcar 25,4 grados, siendo la temperatura más alta registrada durante el mes y por ahora del año, lejos del 24,20ºC de julio del año pasado, o los 23,78ºC de 2024. La tendencia es clara, el Cantábrico cada vez se calienta más.
En comparación, hace 10 años, en 2016, la media de la temperatura del agua en julio fue de 21.4 grados registrados en la boya de Getxo, y hace 5 años, en 2021, de 21,7ºC. El año pasado, 2025, la media llegó a los 22, 8ºC, cerca de los 23ºC, cifra que nunca había sido superada de media en un mes de julio, hasta este año.
Con los datos proporcionados por Puertos del Estado, entidad perteneciente al sector público estatal, también se puede observar que en cuanto a las mínimas, durante el mes de julio la temperatura del agua más baja registrada por la Boya Costera de Bilbao fue de 22 grados, y tan solo pasó una vez, el 7 de julio a las 04.00 de la madrugada. En más del 80% del mes la temperatura del agua se mantuvo por encima de los 23ºC. Mayoritariamente, los registros se situaron entre los 23 y 23,9ºC, por algo más de la mitad del mes. Pero casi un tercio de las mediciones estuvieron entre los 24 y 24, 9ºC, y en cuatro días (el 15, 16, 19 y 20 de julio) la temperatura del mar llegó a sobrepasar los 25ºC.
Desde AZTI, centro científico y tecnológico del País Vasco especializado en el medio marino y la alimentación, afirman que la temperatura del agua del mar es un indicativo de los efectos del cambio climático. Los gases de efecto invernadero aumentan, la atmósfera retiene más energía, y por ende pasa al océano, que absorbe la mayor parte de la radiación y un cuota del CO2 atmosférico emitido.
Biodiversidad
Para la biodiversidad y la vida marina, que la temperatura del agua aumente es un factor crucial. Una subida de apenas uno o dos grados centígrados implica una enorme acumulación de calor en el océano y puede modificar las condiciones de vida de numerosas especies. Muchos peces, algas y otros organismos necesitan un rango concreto de temperatura para vivir. Por lo tanto, si la temperatura del agua aumenta, especies de aguas frías disminuyen, mueren o se desplazan, mientras que otras de aguas cálidas aumentan su presencia, favoreciendo la aparición de especies invasoras y alterando la cadena alimenticia y la pesca al cambiar la distribución y abundancia de los animales. Por ejemplo, AZTI ya ha observado cambios en especies como la anchoa.
Viendo la tendencia de los últimos años, todo apunta a que la temperatura del océano seguirá aumentando. Pero se puede actuar para que ese cambio disminuya, y las instituciones deben estar alineadas. Los expertos señalan que es necesario reducir las causas del calentamiento, por ejemplo, disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentando el uso de energías más limpias, y también reduciendo la huella de carbono en el sector del transporte marítimo. Aparte de intentar reducir los efectos a futuro, también ven necesario adaptarse a los cambios que ya están ocurriendo. Observar, proteger los ecosistemas marinos, y planificar y gestionar una realidad donde el cambio climático ya es visible.
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Aparte de exigir cambios a las instituciones, a título personal también se puede contribuir reduciendo la huella de carbono con un menor consumo energético y un transporte más sostenible, reduciendo los residuos, protegiendo y respetando los ecosistemas marinos, y apoyando medidas que favorezcan la conservación del océano, ya que reducir las emisiones es clave para frenar el aumento de temperatura del agua.




