Greenpeace alerta de que la presión turística amenaza los ecosistemas de la costa de Bizkaia

Según la organización ecologista, el incremento de visitantes en los últimos años está intensificando la presión sobre playas, dunas, estuarios y otros espacios naturales

Greenpeace advierte de que el aumento de la presión turística sobre la costa de Bizkaia está acelerando el deterioro de ecosistemas especialmente frágiles y reclama un cambio en la gestión costera para compatibilizar la actividad turística con la conservación medioambiental. La organización enmarca esta situación en su informe Destrucción a toda costa 2026, presentado esta semana.

Según la ONG ecologista, el incremento de visitantes en los últimos años ha intensificado la presión sobre playas, dunas, estuarios y otros espacios naturales. Como ejemplo, señala la playa de Laga, donde considera que el mantenimiento de un gran aparcamiento responde más a la elevada afluencia de vehículos que a la necesidad de restaurar el ecosistema dunar

Asimismo, censura que la gentrificación turística en el cercano municipio de Mundaka ha saturado «por completo» el mercado inmobiliario local, hasta el punto de hacer desaparecer prácticamente la vivienda de alquiler residencial en favor del arrendamiento estacional. «Este desplazamiento habitacional erosiona el tejido social e incrementa la demanda estacional de recursos básicos en una zona de alta fragilidad ecológica adyacente a la Reserva de la Biosfera de Urdaibai», sostiene.

Todo ello, alerta la organización, se suma a la intensa presión humana que soporta la costa vizcaína —el 32% de la población del territorio se concentra en un litoral que apenas representa el 18% de su superficie— y a los efectos del cambio climático en una zona ya muy vulnerable.

Esa vulnerabilidad se traduce, entre otras cuestiones, en su elevada exposición a los temporales, que han obligado a destinar alrededor de cuatro millones de euros a reparar infraestructuras costeras en enclaves como Bakio, Gorliz o Sopela. A juicio de Greenpeace, estas actuaciones constituyen soluciones temporales que no resuelven los problemas estructurales de erosión.

Calentamiento del Cantábrico

Las altas temperaturas registradas este verano también han provocado el calentamiento de las aguas del Cantábrico, que en su sector oriental alcanzan los 24 grados, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Esta situación, señala Greenpeace, ya está alterando especies de interés pesquero como la merluza, el bocarte, el verdel o el bonito, cuyos patrones de distribución y reproducción están cambiando. La organización también expresa su preocupación por diversos proyectos de acuicultura en el litoral, que, a su juicio, podrían añadir nuevas presiones sobre el medio marino.

Entre las medidas que propone Greenpeace figuran priorizar soluciones basadas en la naturaleza —como la restauración de dunas y humedales— frente a nuevas infraestructuras de hormigón, limitar el desarrollo urbanístico en zonas inundables, planificar la retirada de infraestructuras especialmente expuestas al avance del mar y ordenar la actividad turística para evitar la saturación de los espacios naturales más sensibles.