La familia italiana debuta en el turismo itinerante con la autocaravana familiar
Las áreas de autocaravanas dejan de ser cada verano simples espacios de estacionamiento para convertirse en pequeños puntos de encuentro donde confluyen acentos, costumbres y maneras muy distintas de entender el viaje. Entre vehículos llegados desde distintos rincones de Europa se cruzan familias que comparten recomendaciones, intercambian destinos y planifican la siguiente etapa del recorrido. En esos aparcamientos la rutina dura apenas unas horas. Después, cada uno vuelve a poner rumbo hacia un nuevo destino.
Entre quienes hacen una parada en el municipio de Berango se encuentran Javier Bonilla y Marilena Daino. Residentes en el norte de Italia, a orillas del lago di Como, este verano han decidido estrenarse en el mundo de las autocaravanas junto a sus tres hijas. El vehículo, de grandes dimensiones y con varias décadas a sus espaldas, les ha llegado prestado por un familiar, una circunstancia que les ha permitido lanzarse a una aventura que, hasta hace apenas unos meses, ni siquiera contemplaban.
Lourdes, Iruñea y Euskal Herria
«Nos gusta improvisar. No solemos organizar demasiado el viaje», explica Daino mientras las pequeñas corretean alrededor de la autocaravana. Su ruta comenzó en Italia, hizo parada en Lourdes y Iruñea y ahora continúa por Bizkaia antes de poner rumbo a Cantabria y Cataluña para regresar finalmente a Roma en barco. «Lo que más nos ha sorprendido ha sido San Fermín. Nos habría gustado ver el encierro, pero era demasiado temprano y no llegábamos», lamenta entre risas.
La experiencia está siendo tan espontánea como el propio itinerario. La familia alterna las noches entre áreas públicas para autocaravanas y campings, donde encuentran un atractivo añadido para las más pequeñas. «Ellas prefieren los campings porque tienen piscina», cuenta Bonilla. La diferencia también se nota en el bolsillo. «Dormir en un camping nos cuesta entre 50 y 60 euros por noche», calcula.
Ligero accidente
Sin embargo, no todo ha salido según lo previsto. La falta de experiencia les ha jugado una mala pasada durante el recorrido. «Calculé mal la altura de un túnel y me llevé por delante las escaleras y las dos claraboyas«, reconoce Bonilla con resignación. El incidente, sin embargo, no ha alterado el ánimo de la familia, decidida a seguir adelante con un viaje que todavía guarda numerosas etapas por delante.
Más allá de las anécdotas, viajar sobre ruedas también exige aprender una serie de rutinas que poco tienen que ver con unas vacaciones convencionales. Controlar el consumo de agua, gestionar el combustible o encontrar lugares donde vaciar las aguas residuales forman parte del día a día. «Hasta ahora llevamos tres depósitos de gasolina. Si te organizas bien, no resulta excesivamente caro, pero tienes que acostumbrarte a viajar así«, explica la pareja.
Cumplir la normativa
Por último, otra de las preocupaciones constantes es cumplir la normativa de cada lugar. Antes de detenerse consultan siempre las indicaciones de las áreas de estacionamiento. «Intentamos seguir con mucha atención las normas de cada aparcamiento para no llevarnos ninguna multa», asegura Daino.
Mientras preparan la siguiente salida, las tres niñas ya hablan de las próximas paradas. Las localidades de Bakio y Lekeitio aparecen marcadas en el mapa antes de continuar hacia Cantabria y emprender el camino de regreso a Italia. El viaje continúa, como ocurre con tantos otros vehículos que cada verano convierten las áreas de autocaravanas de Bizkaia en lugares de paso donde las historias apenas permanecen unas horas antes de volver a ponerse en marcha.
