El agro local advierte de que las sucesivas olas de calor están arruinando las cosechas
El cambio climático se ha convertido en un invitado incómodo en las mesas de Bizkaia. Tras casi tres meses con episodios de calor que ya han dejado cifras de récord, las altas temperaturas también están pasando factura a las huertas del territorio. Los agricultores consultados por DEIA advierten de que el calor extremo está arruinando las cosechas y señalan los tomates, las lechugas o los pimientos del país entre los cultivos más afectados por una situación que, casi con total seguridad, reducirá la producción de esta campaña.
«Si la situación no cambia, cuando llegue la recogida en octubre buena parte de la fruta estará deteriorada»
David Torre – Finca Etxebarria (Gatika)
En la Finca Etxebarria, en Gatika, decenas de manzanas cubren el suelo. El calor las ha abrasado. “Con los kiwis ha ocurrido exactamente lo mismo. Los frutos que han quedado al descubierto presentan quemaduras y manchas que no desaparecen aunque sigan engordando. Esa fruta ya no es apta para la venta”, lamenta David Torre, uno de los gerentes de esta pequeña explotación frutícola familiar. Ya todo un habitual en el tradicional mercado de Santo Tomás, el agricultor centra buena parte de su actividad en la producción de sidra y txakoli. Sin embargo, quienes se acerquen a su puesto en la gran cita del agro vasco el próximo diciembre comprobarán que la producción de ambos caldos será notablemente inferior a la de otros años.
David Torre estima que la caída rondará el 40%. «Tanto la cosecha de manzana para sidra como la de uva para txakoli será sensiblemente inferior a la de campañas anteriores. Si la situación no cambia, cuando llegue la recogida en octubre buena parte de la fruta estará deteriorada», advierte el baserritarra.
Al calor se suma otro problema: la falta de agua. En las últimas semanas apenas ha llovido en el territorio, y sus efectos ya son visibles en unos campos que, según David Torre, presentan un aspecto cada vez más seco. “Se está notando muchísimo. Todo está amarillo. Apenas queda hierba porque hace tiempo que no llueve y la falta de precipitaciones está pasando factura tanto a los cultivos como al paisaje”, sostiene.
“La agricultura que se practica aquí no está acostumbrada a temperaturas tan altas, sino a veranos más húmedos y frescos»
Gorka Areitio – Mustai Ortua (Maruri)
Y todo apunta a que escenas como esta serán cada vez más habituales en los años venideros. Porque los episodios de calor extremo, alertan los expertos, ya se han integrado en el paisaje. Con ello, la imagen —tan repetida incluso en los memes— de un verano vasco entre cielos grises, lluvia y botas de agua podría acabar siendo cosa del pasado.
Así las cosas, es probable que el agro de Bizkaia tenga que adaptarse a un clima cada vez más cálido. «Tendremos que mirar cómo hacen las cosas más al sur y copiar. El encalado de los invernaderos, las mallas de sombreo o las mallas reflectantes para proteger los cultivos de la radiación solar son algunas de las opciones», explica Gorka Areitio. Junto a su pareja, Marcela, gestiona Musai Ortua, en Maruri, una huerta-jardín dedicada al cultivo ecológico y sostenible donde también están sufriendo las consecuencias del calor extremo.
Ya en mayo ––cuando los mercurios se dispararon por encima de los 40 grados en una buena parte del territorio vizcaino––, esta pareja de agricultores tuvo que desechar parte de la producción de primavera, formada por cultivos que todavía necesitan de noches frescas para poder desarrollarse correctamente. “Los guisantes se achicharraron; literalmente, se murieron. En un par de días perdimos toda la producción. Es un cultivo que no soporta el calor”, resume Gorka. En plena canícula, la preocupación se centra ahora en el desarrollo de la campaña de verano, que ambos agricultores prevén más escasa de lo habitual. “La agricultura que se practica aquí no está acostumbrada a temperaturas tan altas, sino a veranos más húmedos y frescos», admite Gorka Areitio.
Los cultivos más afectados
Uno de los cultivos estivales más importantes de la huerta vizcaína es el tomate, que también está acusando el impacto del calor. “Acaba echándose a perder. Además, a partir de los 35 grados la floración empieza a sufrir y cuajan menos frutos. El problema no es solo la producción que se pierde durante el episodio de calor, sino también la de las semanas siguientes, porque esas flores ya no llegan a convertirse en tomates. Lo estamos sufriendo mucho», explica Gorka Areitio.
El cultivo de lechugas también está viéndose afectado. El sol, implacable, acaba quemando las hojas y arruinando buena parte de la producción. “En otros casos, tiende a la floración. La lechuga se espiga para echar las semillas directamente sin haber crecido del todo. O la recoges muy pronto, o se echa a perder”, añade. Los pimientos tampoco escapan a los efectos del calor. En las últimas semanas, Gorka Areitio ha detectado numerosos frutos con quemaduras provocadas por el sol, una circunstancia que obliga a desecharlos al no ser aptos para su comercialización.
La lista sigue, porque la práctica totalidad de los cultivos de las huertas de Bizkaia acusan, en mayor o menor medida, las consecuencias del calor. El proceso se repite: las altas temperaturas aceleran la floración y el desarrollo de las plantas, reduciendo el tiempo de engorde de los frutos y dando como resultado frutas y hortalizas de menor tamaño. “Es que si no las recoges rápidamente, comienzan a espigarse y se pierden.”, destaca Gorka.
«Estamos recogiendo muchísimo menos que en otros años, por lo que nuestro sistema de producción se ha visto afectado y, por lo tanto, tenemos que incrementar los precios»
Jon Ander Zalduegi – Explotación Ekorlegi (Sopela)
Con ventanas de cosecha cada vez más estrechas y buena parte de la producción inservible, todo apunta a que la campaña se saldará con resultados negativos para los productores y una consiguiente subida de precio para los consumidores. “Estamos recogiendo muchísimo menos que en otros años, por lo que nuestro sistema de producción se ha visto afectado y, por lo tanto, tenemos que incrementar los precios. Nuestro producto se va a encarecer, porque además no podemos competir con géneros procedentes de otras latitudes geográficas”, reconoce Jon Ander Zalduegi, titular de la explotación ecológica Ekorlegi de Sopela.
Como en las otras dos explotaciones agrícolas consultadas por DEIA, en los terrenos de Jon Ander también se dejan sentir los efectos de las altas temperaturas, especialmente en los cultivos de hoja, como la lechuga, la acelga o las espinacas. “Se deshidratan muy rápido y, aunque aumentemos el riego, no les da tiempo a recuperarse. El sol les quema las puntas y, como las raíces son muy superficiales, la tierra se seca enseguida y las plantas no consiguen rehidratarse”, describe.
¿Y existen cultivos que, por el contrario, estén resistiendo bien los efectos del calor? Preguntado por esta cuestión, el agricultor explica que las solanáceas —cultivos originarios de América, como el tomate, el pimiento o la berenjena— soportan mejor las altas temperaturas. «Aunque en las horas centrales del día el sol aprieta muchísimo», matiza.
Y el sol, unido a la ausencia de lluvias, se ha convertido en uno de los principales enemigos de los agricultores debido a una intensidad hasta ahora poco habitual y les ha obligado a reaccionar. Por su lado, Jon Ander ha aumentado el riego y procura que las plantas mantengan la mayor cantidad de masa foliar posible para que generen su propia sombra y se protejan del sol. Además, coloca mallas de sombreo tanto en los invernaderos como al aire libre.
Con todo, señala que estas son medidas de carácter provisional y que, si las condiciones climáticas continúan agravándose, será necesario adoptar nuevas estrategias de adaptación “Habrá que revisar las técnicas de cultivo, las variedades que sembramos, los calendarios de plantación o el momento de iniciar las campañas. Si antes utilizábamos los invernaderos para adelantar los cultivos porque aquí hacía más frío, ahora tendremos que recurrir a umbráculos, estructuras que generan sombra para proteger las plantas del calor. Adaptarse es la única opción, y para hacerlo habrá que observar mucho», reflexiona.
