La artista Ra Asensi reinterpreta la memoria, el patrimonio y las voces silenciadas de las mujeres vinculadas a la tradición alfarera
Lo de ‘Uhinak’ es para no olvidar. La nueva exposición que habita en la tercera planta de Euskal Museoa es un relato de todo. De arte evidentemente, pero también de patrimonio, de identidad y de historia. La artista Ra Asensi ha conjugado todos estos ingredientes en la muestra temporal focalizada en las materialidades empleadas -cerámica vidriada, acero corten, algas,…- pero que, en el fondo, busca conectar al público visitante con la memoria colectiva y rescatar del olvido a las mujeres que durante décadas y décadas trabajaron con delicadeza la porcelana. También de las aguadoras, siempre anónimas, que portaban sobre sus cabezas las ‘pegarras’ de 20 litros.
En definitiva, conferir el prestigio que merecen las artesanas y orfebres como Conchita Laca -trabajadora de Porcelanas Bidasoa, con padre de Markina y madre de Bilbao-, las piezas y esa cadena de valor -femenina en su mayoría- que ahora se pone en diálogo con piezas de la colección propia de Euskal Museo. El objetivo es ayudar a descubrir más historia, más cultura, más creación. Y hacerlo desde la contemporaneidad. Por eso las obras escultóricas de Asensi, en equilibrio entre ese pasado y el presente, son interpretadas como una exploración y una comprobación de esas figuras que contribuyeron a dar forma a auténticas obras de coleccionista.
Todo lujo de detalles
Una docena de ellas firmadas por Laca, con todo lujo de detalles, están expuestas en una vitrina. También un par de grabados inéditos de la trabajadora de la firma afincada en Irun. La exposición, que permanecerá en la Sala Kukula hasta finales de año, luce en su espacio central las creaciones artísticas de Ra Asensi construidas a partir de imágenes mentales ligadas a la cerámica. De hecho, tal y como ha explicado la artista durante la presentación de la muestra, la instalación está formada por piezas inspiradas en ondas de voz que grabó durante su proceso de investigación sobre este noble arte. La tecnología dibujó las ondulaciones -de ahí el nombre de ‘Uhinak’ / ‘Olas’ de la exposición- de los testimonios, pero también de los silencios.
Detalle de las piezas expuestas en la exposición ‘Uhinak’.
Y ella se ha encargado de modelar esas voces en tres dimensiones. La instalación escultórica está compuesta por formas realizadas en gres vidriado con óxidos, arcilla recolectada en Ollerías y algas del Cantábrico dispuestas sobre estructuras de acero corten y acompañadas por agua local, de Iturribide para ser más exactos. “Estos materiales evolucionan durante el periodo expositivo, generando cambios y transformaciones que convierten la producción en una obra viva y en constante proceso”, ha ilustrado Asensi. No en vano, el acero corten ya está mudando la piel en aquellas algas con las que permanece en contacto.
En los márgenes de la memoria
De algún modo, son formas vivas que emergen para dar espacio a una realidad. Desde Euskal Museoa -veinte mil visitantes desde su reapertura el 10 de junio- han explicado que “la propuesta nace de un proceso de escucha e investigación realizado a partir de entrevistas a antiguas trabajadoras de la fábrica Porcelanas Bidasoa y a la artesana y directora del Museo de Alfarería Vasca, Blanka Gómez de Segura. A través de estos relatos, la artista reflexiona sobre aquellas historias que han permanecido en los márgenes de la memoria colectiva y les otorga una nueva presencia mediante el lenguaje escultórico”.
O como ha descrito Sorkunde Airza, directora del espacio museístico enclavado en el Casco Viejo, más allá de la conservación y exposición del patrimonio, este nuevo punto cultural caliente de la villa se ha marcado la misión de generar nuevas lecturas y diálogos “sobre nuestra memoria”. Desde el Ayuntamiento de Bilbao, su concejal de Cultura, Gonzalo Olabrria, ha confirmado esa visión de la cultura propia del S/XXI, concebida para conectar patrimonio, memoria, identidad y contemporaneidad desde una mirada abierta, participativa y cercana.




